Buitres

Inicio el texto ofreciendo disculpas a los buitres. Son desagradables y los asociamos con la inmundicia, pero ellos, a diferencia de muchos seres «civilizados», sí cumplen con un propósito importante en el mundo.

Disculpas presentadas, quiero referirme en este escrito a los buitres políticos. En especial a dos compatriotas —si bien los políticos en cualquier lugar del mundo aplican métodos y triquiñuelas similares—, quienes la semana pasada mostraron toda su ruindad y avidez de sangre.

El sábado 27 de enero, Colombia fue sacudida por un atentado terrorista perpetrado cerca a la ciudad de Barranquilla, el cual los asesinos cobardes dirigieron contra una estación de policía. Había transcurrido mucho tiempo ya desde la última vez que el país enfrentó un atentado de ese tipo, pues si bien la violencia derivada del crimen organizado la continuamos padeciendo, los atentados terroristas comenzaban a vislumbrarse como algo del trágico ayer.

El infame ejercito de liberación nacional —ni es ejército, ni es nacional, ni han liberado siquiera a sus madres—, mejor conocido como ELN, se atribuyó el atentado; dando así un puntapié a la mesa de negociaciones de paz instalada en el vecino Ecuador. Esos terroristas cobardes jamás han mostrado real voluntad de paz y deben ser enfrentados con toda la contundencia de las fuerzas militares del estado. Merecen completo repudio nacional e internacional.

Y también merecen repudio Gustavo Petro y María Fernanda Cabal. Petro, ex guerrillero, ex senador de la república, ex alcalde mayor de Bogotá y ahora candidato presidencial, es un político de izquierdas que destacó en su etapa como senador pero no tanto como alcalde de la capital del país. Cabal es una representante a la cámara por el centro democrático —partido político del ex presidente Uribe— y ahora aspirante al senado. Entre sus logros más destacados como congresista de la república están el negar la masacre de las bananeras, ocurrida en la costa caribe colombiana en los años veinte y relatada por García Márquez a la luz del realismo mágico en cien años de soledad, y ser uno de los rostros más notorios —y polémicos— de la ultraderecha fascista colombiana.

¿Qué podrían tener en común un político de izquierdas y una de ultraderechas?

La sed de sangre y el oportunismo.

Mientras el país lamentaba la muerte de sus policías, y recordaba lo trágico y doloroso del terrorismo cobarde, los buitres de izquierdas y derechas —no fueron solo estos dos— se regodeaban publicando las imágenes de los policías asesinados sin mostrar el más mínimo respeto por sus memorias y el dolor de las familias:

Esto ya no es oportunismo político. Es vileza y mezquindad. Y temo que eso es lo que tienen en común muchos políticos de izquierdas y derechas a lo largo y ancho del globo. Son buitres carroñeros. Buitres que viven del terror y la sangre.

Y de nosotros, por supuesto.

Imagen: el espectador

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