El tiempo lo borra todo

Sonrisa encantadora

mirada de fantasía

mujer arrolladora

diosa de la simpatía.

Los muchachos te rodean

pelean por tus palabras

te braman cual cabras

poseerte es lo que anhelan.

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Buitres

Inicio el texto ofreciendo disculpas a los buitres. Son desagradables y los asociamos con la inmundicia, pero ellos, a diferencia de muchos seres «civilizados», sí cumplen con un propósito importante en el mundo.

Disculpas presentadas, quiero referirme en este escrito a los buitres políticos. En especial a dos compatriotas —si bien los políticos en cualquier lugar del mundo aplican métodos y triquiñuelas similares—, quienes la semana pasada mostraron toda su ruindad y avidez de sangre.

El sábado 27 de enero, Colombia fue sacudida por un atentado terrorista perpetrado cerca a la ciudad de Barranquilla, el cual los asesinos cobardes dirigieron contra una estación de policía. Había transcurrido mucho tiempo ya desde la última vez que el país enfrentó un atentado de ese tipo, pues si bien la violencia derivada del crimen organizado la continuamos padeciendo, los atentados terroristas comenzaban a vislumbrarse como algo del trágico ayer.

El infame ejercito de liberación nacional —ni es ejército, ni es nacional, ni han liberado siquiera a sus madres—, mejor conocido como ELN, se atribuyó el atentado; dando así un puntapié a la mesa de negociaciones de paz instalada en el vecino Ecuador. Esos terroristas cobardes jamás han mostrado real voluntad de paz y deben ser enfrentados con toda la contundencia de las fuerzas militares del estado. Merecen completo repudio nacional e internacional. Seguir leyendo “Buitres”

Los huesos del rey

El viejo rey supo que los días de gloria eran cosa del pasado. Los plebeyos murmuraban. A lo largo y ancho del reino se decía que los buenos tiempos del soberano magnífico eran ya una leyenda, y él un anciano decrépito sin poder. Las hienas conspiraban. El tiempo de la sucesión había llegado y los candidatos a usurpar la corona continuaban con su marcha ininterrumpida hacia el trono.

—No lo entiendo, mi fiel mono —dijo el rey—. Hemos gozado de paz y abundancia desde el momento mismo en que me hice al trono. La manada es numerosa y el reino próspero. El pueblo tendría que venerar a este atribulado príncipe, pero brinda apoyo a las hienas que maquinan en las sombras para derrocarlo.

—El vulgo es traicionero y veleidoso, mi señor —replicó el mono—. Únicamente siguen al fuerte. Tan pronto se deleitan con el hedor de la blandura osan clavar el puñal.

—Que la pitón se presente ante mí —ordenó el soberano—. Deseo guía espiritual.

El sirviente obedeció. La pitón atendió el llamado y serpenteó por las sabanas reales para entrevistarse con el gobernante. Era vieja, también. Fue compañía y guía del león en sus días de juventud, dándole con sus consejos y sabiduría las llaves del reino del valle.

—Mi fiel pitón —exclamó el viejo rey al verle—. Me alegra que hayas atendido el llamado de tu príncipe.

—Jamás me negaría a usted, mi señor —respondió ella al hacer una reverencia—. No importa que el destino haya dictaminado, con una crueldad extrema, que nuestros senderos habían de separarse y mi consejo no le fuese de más de utilidad. Pero aquí está su vasalla —le dijo al elevarse sobre la cola—. Hable pues, mi soberano, que esta vieja súbdita le escucha. Seguir leyendo “Los huesos del rey”

Anciana

Entre el hollín cancerígeno de los coches

caminas sin reparar en desprecios,

tu frágil humanidad parece reventar

sin que alguien te brinde algún aprecio.

Has visto demasiados inviernos

sufrimientos maquinados en avernos,

te veo con tal carga y me pregunto:

¿de dónde sacas tu brutal fortaleza, anciana?

Eres el espíritu humano personificado

la tenacidad de la voluntad glorificada,

tus ojos gastados nos gritan hambres

tus delgados labios resecos, sed de vida.

Esa sonrisa tuya ilumina las sombras

tu alegría incontenible eriza la piel,

¿hay alguien más humano que tú?

No lo creo, mujer indigna de un rey. Seguir leyendo “Anciana”

Lo hará de nuevo

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Claudia Morales, periodista que afirma ser víctima de violación.

Gran revuelo ha causado en este país -en especial el país político- una columna de la periodista Claudia Morales, publicada en el diario El Espectador y titulada una defensa del silencio. En el texto, la periodista relata una atroz violación sufrida varios años atrás a manos de su jefe de aquel entonces. No cuenta en qué año sucedió; mucho menos la identidad del agresor. Únicamente lo refiere como «él» y asegura no haberlo denunciado y tener la intención de jamás hacerlo. Le teme. Y mucho.

Es su decisión y debe respetarse. Punto.

Muchos se han indignado y gritan a los cuatro vientos que la mujer abusada tiene la obligación de revelar la identidad del violador. Argumentos van y vienen; algunos razonables, otros no tanto. En lo personal respeto los razonables, pero nadie, absolutamente nadie, debería arrogarse el derecho a pontificar sobre tal experiencia traumática y la decisión firme de la periodista agredida. Seguir leyendo “Lo hará de nuevo”

Miel de limón

La multitud aplaudía. No así Yolima San José, quien sintió calores subiéndole desde el vientre a la cabeza. Pero no eran aquellos de pasión que sintió una hora antes cuando propuso a Federico Bonavitta, su novio, marcharse de la discoteca. Los aplausos continuaron. No era eso lo que provocaba la ira desaforada de la mujer. Si Federico era feliz, ella también. No le molestaba en lo absoluto que la multitud lo rodease y aplaudiera a rabiar la forma en que bailaba la música disco que, emulando la moda en los Estados Confederados de América, se había impuesto en las discotecas de San Mártir. Era la actitud de su novio lo que le sacaba de quicio.

—¿Por qué tan sola, cariño? —Un joven color canela, alto y fornido, se acercó a Yolima para hablarle con suavidad.

—No es asunto suyo.

—Es un crimen que un rostro tan hermoso como el que posees muestre ira.

—Déjeme sola —dijo ella.

—¿Algo te molesta? —Insistió él—. Soy bueno para escuchar.

—Lárguese.

—Disculpe. No la molesto más.

Yolima San José no pudo evitar el sentirse mal cuando aquel joven apuesto se despidió con expresión de niño reprendido. En ese momento no entendió el porqué. Solo supo que lo deseaba a su lado.

—Perdona mi altanería. —Le tomó por el brazo—. Mi nombre es Yolima. Seguir leyendo “Miel de limón”

Al Rock & Roll

Ritmo del cielo

eres al oído todo lo bueno

te idolatro desde pequeño

retumbarás en mi fosa de viejo.

Patea el reguetón

abofetea las norteñas

húrtame el corazón

besa las damas que sueñan.

¡Que suene esa guitarra! Seguir leyendo “Al Rock & Roll”