Vivir es cuestión de suerte

Podrías llamarlo destino

podrías invocar libre albedrío

¿No estarías clamando desatinos?

Díselo a quien nace en hogar podrido.

 

Nacer es cuestión de pura suerte.

No controlas el cuándo, ni el cómo

mucho menos el malvado en dónde.

Nacer, te lo juro, es como la muerte.

 

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Blanca navidad parte 1

No comprendió la niña el porqué de la injusticia. Cada día de navidad era lo mismo: poco importaba cuán bien se comportase, el hada blanca jamás cumplía sus deseos. Nunca obsequió algo de lo que ella y su hermana, con ilusión infinita, suplicaban en las cartas.

—El hada blanca de la navidad nos odia —dijo, exasperado, uno de sus amigos.

—Te equivocas —gruñó ella.

—Tonta —Los infantes lanzaron una mueca burlona hacia su amiga—, búscanos cuando aceptes la realidad.

Esperanza di María se encontró sola en medio de la noche cálida. Ella y sus amigos habían pasado la tarde del día de navidad en el barrio opulento con la esperanza ingenua de que así el hada los recordaría. Al verlos allí, pensaron, les colmaría de obsequios tal como lo hacía con los niños ricos. Pasaron horas en aquel lugar donde recibieron frías miradas de desprecio. Y nada sucedió. El hada no se presentó.

«Tal vez tengan razón», meditó Esperanza al pensar en sus amigos y emprendió el viaje de regreso a casa. Tan sumergida en sus pensamientos caminaba por las calles que no reparó en los coches de los millonarios irrespetando los semáforos. Casi fue atropellada al intentar cruzar la calle. Un Mercedes Benz se vio obligado a frenar con todo su poderío.

—¿Te encuentras bien? —preguntó el conductor. Había descendido del vehículo para cerciorarse de que la infante no estuviese herida.

«Qué extraño. Los ricos nunca son amables», pensó ella. Recordó que noches atrás había sucedido lo mismo y nadie se preocupó; todo lo contrario, le gritaron que era una tonta. Seguir leyendo “Blanca navidad parte 1”

Blanca navidad parte 2

Azucena di María sintió temor. El reloj recién había marcado las once de la noche y nadie más brindaba calor a la vivienda. Por primera vez en su vida estuvo sola a tan altas horas. Lo normal era que su madre, si bien ebria y de visita en otros mundos, llegase a casa pasada la medianoche, pero ese lunes había prometido regresar antes de las nueve para celebrar la navidad con sus dos hijas. Y Esperanza, su hermana, nunca pasaba de las cinco de la tarde sin retornar al hogar para cuidar de ella. «Ojalá no les haya sucedido algo», pensó. «Solo espero que a mi padre no se le haya ocurrido presentarse».

La pequeña no podía dormir. Había de conciliar el sueño para que el hada blanca de la navidad acomodara bajo su almohada los regalos, pero la incertidumbre por la demora de su madre y hermana no se lo permitió. La situación no era normal y ella temía monstruos al acecho en la oscuridad.

Azucena escuchó el crujir de la madera desvencijada y la vieja puerta del cuarto se abrió con lentitud. «Ojalá no sea mi padre», suplicó. «Dios mío, que no sea mi padre». No se trataba de él. Quien entró en la alcoba no era un demonio; era un ángel. Uno que desde tiempo atrás anhelaba conocer: Seguir leyendo “Blanca navidad parte 2”

A la memoria del infante caído

Criatura inocente que obsequió belleza al mundo,

fuiste condenada al nacer.

La fatalidad irremediable predestinó tu sufrimiento amargo.

Por hogar recibiste fango. Seguir leyendo “A la memoria del infante caído”

Todo un mundo en contra de los niños

Tomada de Pixabay.com
Lo que sucede con muchos niños en estos “civilizados” tiempos modernos es horrible. Y si en otros lugares del mundo la niñez es tratada como aquí, en Colombia, mi país, pues entonces las cosas están para llorar amargamente.
Según cifras del Instituto Nacional de Medicina Legal, en el año 2015 se registraron 10.435 casos de violencia intrafamiliar que afectaron directamente a niños y adolescentes en todo el territorio colombiano; siendo lo más preocupante el hecho de que el 86% de las agresiones en contra de los menores tuvieron lugar en su propio hogar. Las cifras corresponden a denuncias verificadas, pero la realidad es que la inmensa mayoría de casos no son denunciados.
Eso sin mencionar las muertes de infantes por desnutrición. Según un artículo publicado en el diario el tiempo de la ciudad de Bogotá, el 22 de septiembre de este año, 56 menores de edad habían muerto en el departamento de la guajira entre los meses de enero y septiembre de 2016; cifra superior en 19 casos a las muertes registradas en el 2015 (¿Cuantas más quedarían sin registrar?). Si la muerte de un solo niño por hambre ya es de por sí un hecho en extremo lamentable, ¿que decir de 56 y solo en un departamento? -el más golpeado, según las cifras oficiales, eso sí-.

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