Anciana

Entre el hollín cancerígeno de los coches

caminas sin reparar en desprecios,

tu frágil humanidad parece reventar

sin que alguien te brinde algún aprecio.

Has visto demasiados inviernos

sufrimientos maquinados en avernos,

te veo con tal carga y me pregunto:

¿de dónde sacas tu brutal fortaleza, anciana?

Eres el espíritu humano personificado

la tenacidad de la voluntad glorificada,

tus ojos gastados nos gritan hambres

tus delgados labios resecos, sed de vida.

Esa sonrisa tuya ilumina las sombras

tu alegría incontenible eriza la piel,

¿hay alguien más humano que tú?

No lo creo, mujer indigna de un rey. Seguir leyendo “Anciana”